Pago inmerecido

MiguelDevocionalesLeave a Comment

No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres... No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el malRomanos 12:17,21

La reacción natural del ser humano es devolver el mal que nos hicieron. Muchas veces no sabemos lo que somos capaces de hacer hasta que nos hacen algo realmente injusto. Es allí cuando comienzan los pensamientos: “Esto no se puede quedar así”; “no se imaginan cómo me sentí cuando me lo hizo, así que tengo que hacer que él sienta lo mismo”; “no es venganza, es darle su merecido”. Trazamos un plan para llevarlo a cabo. Insistimos hasta que logramos nuestro objetivo. 

La misma ley lo contemplaba: “Ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie” (Éxodo 21:24-25). Sin embargo, el Señor nos enseñó un camino diferente. “No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa” (Mateo 39-40). 

Alguien podrá quejarse y decir, “¡eso no es justo!”. Puede que no lo sea, pero es lo que nos enseña el Señor. Él lo enseñó y lo practicó. “Cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente” (1 Pedro 2:23). Lo dejó en manos de Dios. 

Ejemplos de estos abundan en las Escrituras. José cuando perdonó a sus hermanos. Moisés y su paciencia con el pueblo de Israel. El trato de David a Saúl. El Señor cuando fue rechazado por los samaritanos. Además, podemos agregar a esto las muchas veces que Dios mostró su bondad a quienes no lo merecían. Esto también lo puedes ver en tu propia vida, las muchas veces que Dios, en su gracia, no te ha dado lo que merecías, sino que ha obrado conforme a su bondad. 

El apóstol Pablo nos exhorta: “¿Por qué no sufrís más bien el agravio? ¿Por qué no sufrís más bien el ser defraudados?” (1 Corintios 6:7). No fue únicamente que el Señor no pagó conforme a lo que le hicieron, sino que fue más allá, haciendo bien a quienes le hicieron mal. Le despreciaron y le llevaron a la cruz, pero para nosotros es dado perdón y salvación. Tú y yo hemos entrado en el beneficio de su gracia y amor, aunque no lo merecemos. Hagamos lo mismo.

Miguel Mosquera

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